sábado, 10 de junio de 2017




 

         Érase una vez un hombre. De niño no había sido ni muy bueno ni muy malo, solo niño. A los diez años quiso ser cura. Y se fue al seminario de Lugo. Cuando volví a coincidir con él ya era cura. Y nos dimos un abrazo. Y hablamos. Hablamos mucho. Y me habló del hombre y la miseria.  Y del amor. Y después me habló de Dios. Y lo entendí. Se llamaba Ramón.

 

 



RAMÓN JACOBO, YA EN LAS MANOS DE DIOS PADRE miércoles, junio 07, 2017
Queridos compañeros del IEME, y otros amigos/as. No cabe duda que lo que dice el Vicario General, de la Diócesis de Lugo, Mario Vázquez, es totalmente cierto. «Fue un sacerdote coherente, inteligente, austero, comprometido y con una opción clara por los pobres, por las CEBs. y la teología que las sostiene»

Foto de archivo
Ramón Jacobo tercero por la izquierda
Ramón Jacobo Bernárdez no fue de esos que se pasan por la vida sin dejar "rastro"; su delicadeza, su *ternura exquisita* en el trato con la gente, su alegría profética, era todo un «testimonio convincente» para los que tuvimos la suerte de conocerlo, convivir con él y acompañarlo en sus «momentos títánicos de resistencia» ante las injusticias, indiferencia y "acomodamiento" a este *siglo*, tanto en su Diócesis de Origen, Lugo, como de destino…Barahona.

Ramón, no solo brilló en la diócesis de Lugo y en el IEME, por su preparación académica y por su «estar al día y al corriente» de cómo combatir este sistema; como buen “galego” siempre estuvo al lado de los más pobres y oprimidos «do pobo galego»

Rostro RJ

Fray José Gómez, q. e,p. d., obispo anterior de Lugo, un pastor con "olor a oveja y a morriña", supo muy bien lo que hacía, cuando se desprendió de él, para que se integrara en el IEME. Le costó mucho, pero sabía que una diócesis se enriquece cuando da "desde su pobreza". Por eso nos visitó, tanto en Barahona como en Gualey...supo "enlodarse" a lo "Francisco". Ambos son ahora nuestros mejores intercesores.

La diócesis de Barahona, pudo, por poco años, enriquecerse con el aporte de su sabiduría, de su compasión solidaria y su «compromiso certero, valiente y eficiente». No vino para "ver" la realidad, sino también, para "aportar" su pequeño granito de arena, para "transformarla" a la luz de la Palabra. Supo hacerlo y enseñó a hacerlo.

 Cuando me tocó, enviarlo a España para "operarse" de problemas serios de columna allá, pues iba a hacerlo con un amigo de Barahona, no entendió en aquel momento mi decisión de aconsejarle y presionarle, para que lo hiciera en Madrid. Lo aceptó a regañadientes, pero al llegar a Madrid, y verlo el "Equipo de cirujanos del Carlos III", le dijeron: Lo primero que debe hacer usted es llamar por teléfono a Rep. Dominicana, y pedirle perdón al compañero que le envió, pues si se operara allá quedaría paralítico para siempre. Usted no necesita operarse.

Ramón en su despacho de Lugo

Efectivamente, no lo hizo y siguió caminando, hasta sin bastón. Intentó, más luego, volver a R.Dominicana y vino por un mes, para convencerse que ya su situación personal de salud, le impedía regresar a "misiones", como se suele decir en "argot" evangelizador, desde Europa.

Al final, el cáncer le abrazó más a la cruz, que le llevó a la resurrección definitiva. Fui testigo del ejemplo que nos dio a todos y todas, "sobrellevando el fuerte dolor" con paciencia y alegría, que le producía la presencia del cáncer, y así mismo, todos los que lo conocieron y fueron parte del pueblo de Dios a él asignado en Lugo.

También para la diócesis de Barahona, para el IEME y para los compañeros del "Grupo-Santo Domingo", de Rep. Dominicana, Ramón Jacobo fue uno de los que "pasó haciendo el bien" y empujó la historia con su "humanidad", conciencia crítica, amor solidario y profunda espiritualidad.

Uno más del «Grupo IEME de Santo Domingo», junto con Alejandro Arnedo, Eduardo Martín, Pedro Mahamud, Pedro Gómez Ponce, Diácono Rogelio Arjona, Tomás Cardona, Jordi Coll, Martín Hernández, en Monte Plata, y que trabajó también en la diócesis de San Pedro, hasta su muerte, de infarto, en la parroquia, "Ramón Santana", la más pobre, de la nueva diócesis de San Pedro de Macorís, donde acababa de ser consagrado obispo, el actual arzobispo de la Capital, Mons. Francisco Ozoria.

Quiero unirme a toda su familia, hermanos, sobrinos, especialmente, a su hermana más joven, que lo cuidó con esmero siempre, y también  agradecer, en nombre mío y del IEME, a  Josefina, " Fina", que lo acompañó "siempre" en la enfermedad y apoyó en su labor misionera. Con todos ellos, con el "Equipo de Formación especializada" de Monforte de Lemos, quiero unir «Mi compartir pascual y doloroso».

                                                                                       Manuel Bodenlle, 5 jun. 2017
 
 
 
 

jueves, 8 de junio de 2017




 

COMUNICATIO

          Os membros da Gloriosa do 56 non precisamos de gmail nin de yahoo nin de hotmail. Para as nosas comunicacións  temos o noso correo privado, moito máis eficiente e rápido que os susoditos. Nós contamos con

                +++.somoza.com

 

miércoles, 7 de junio de 2017




                        RAMON JACOBO BERNARDEZ                                                  

 In memoriam

            “Yo vi la fe que tenía. Yo vi la mano de Dios”. Así decía la letra de una canción de mediados de los sesenta, del cantante y compositor granadino Valen. En esos años, Ramón y yo escuchábamos juntos este tipo de canciones etiquetadas de canciones denuncia.  Ricardo Cantalapiedra, que todavía no se declaraba ateo, y Valen cantaban este tipo de canción protesta con un marcado acento cristiano. Era su denuncia frente a los problemas de los emigrantes  y su acomodo en los nuevos barrios que aparecían en las grandes ciudades, caso El Pilar, La concepción, Moratalaz y otros en Madrid.

Ramón llegó de niño a Lugo en el año 1956 a bordo del autobús de Meijide desde A Golada (Pontevedra). Se ordenó sacerdote en el año 1968. Después de atender varios años parroquias de Carballedo y Chantada , se marchó a Salamanca a estudiar la carrera de Pedagogía. Estuvo algunos años de educador en el seminario de Lugo. Su compromiso cristiano y sacerdotal le llevó a marcharse de misionero a Santo Domingo , en América. Después de años allí y con la salud mermada (cuando me reencontré con él se ayudaba de bastón) regresó a la diócesis de Lugo. Aquí, en distintos cargos pastorales en parroquias de Monforte y Lugo dejó buen rastro de su preocupación social y cristiana. De la convivencia con Ramón me quedan recuerdos de muchas tertulias y risas y sobre todo me queda la imborrable marca de su sentido de la tolerancia frente a los demás, y su gran compromiso pastoral derivado de su profunda fe en Jesús. De su predicación nunca quiso hacer una pieza literaria. Hablaba desde el altar en el mismo tono y con el mismo respeto que en una conversación de tú a tú. El sabía muy bien que la luz no está en las cosas; está en cada hombre hijo de Dios. Sus últimos años de vida, hasta ayer, estuvieron marcados por una enfermedad envuelta en dolores que no consiguieron borrarle del todo la sonrisa.

Descansa en paz, Ramón. Las aguas del Arnego, del Chamoso y del Miño lavarán nuestra lástima. Te echaremos de menos , claro, también en la reunión anual de compañeros; será una sensación de vacío como en una noche sin estrellas. Nos queda, si, el consuelo de saber de tu descanso eterno. Los días seguirán siendo iguales, como ayer, como siempre, aunque los espejos ya no nos enseñen el rostro de los amigos que ya duermen de otra forma los cansancios.

Yo vi la fe que tenías. Yo vi la mano de Dios.



José Rebolo Mariño


domingo, 4 de junio de 2017






Ramón Jacobo se ha ido.

Con él murió mucho de lo poco bueno que en este mundo había.

Amigo de quien nada tiene ni espera.

Amigo fiel.

Creyente contagioso.

Descanse en paz.

Quienes con él compartimos tantas cosas

lloramos su partida.

Con Dios está.

Que vele por nosotros.






jueves, 18 de mayo de 2017





LEMBRANZAS EN CLAROSCURO



Que lonxe, mais que preto, aquel cincuenta e seis!

Canta ilusión! Canta vida! Cantos anhelos!

- Tocouche o Guerra ou tocouche o Abelleira?

- Din que o Pipino é tan duro como o ferro!

E chega a noite, e con ela a soidade.

Camas corridas e despertar incerto.

Misa moi cedo, e de almorzo cascarilla.

Silencio. Moito silencio.

Salón de estudos con sarxento de sotana.

Xente maior arredor. Son de terceiro.

Cotenadas que te volven a este mundo.

Lingua, latín. Moitos verbos.

Clase por postos.

“Potossim” que lle vale ao Iglesias o primeiro.

- Voute mandar a … -berra o Palmón.

Temos medo.

Toca a campá.

Ao recreo!

Partido en soto.

Estruendo.

- Pasa a pelota, carallo!

- Teña o anel, don Alfredo!

- Cago na Luna, acusón!,

di correndo polo extremo.

E así un día e outro día.

Sábado e xoves, paseo.

Ao Parque ou Tolda en ringleiras.

Faixa azul. O demais, negro.

- Aí van os corvos!

Ignorantes! Non son corvos. Somos nenos!

Nenos hoxe xa maiores,

pero que aínda levan dentro

un non sei que especial

que acadaron naquel tempo.


domingo, 30 de abril de 2017




A MIÑA CASA



         Ao contrario do que ocorre con outros recordos da nosa infancia, que o tempo vai diluíndo, a imaxe da casa na que naciches e te criaches recobra máis e máis vida a medida que te vas facendo vello.

Os pisos da cidade son vivendas indocumentadas. Vives neles, pero non teñen nada de ti. Son fríos. Non teñen máis calor que a que lles proporciona o seu sistema de calefacción.

Pero as casas familiares si teñen o seu rexistro nas oficinas do tempo. Levan dentro das súas grosas paredes risas, suor e bágoas de moitas xeracións que fan illante impenetrábel ao horrendo uniformismo da mal chamada arquitectura urbana.

Pódenme levar cos ollos pechados a distintas casas e estou seguro de que ao entrar na miña a recoñecería. Cada oco, cada recuncho dela agocha un anaco da vida dos meus. E ese “halo vital” nótalo na pel. Os olores sempre volven á memoria. A miña casa ulía a marmelo, a mazá, a castaña seca.

          As paredes non só oen, tamén falan. Falan de dores e de alegrías. De vida e de morte. Dos longos mostachos do bisavó, do señorial pano co que cubría o seu cabelo a bisavoa, do avó na súa primeira comuñón cunha pomba sobre a cabeza –photoshop da época-, de vodas, de bautizos, ...

O tempo na casa non o marca Greenwich senón o vello reloxo de Pedro Pumariño colgado na parede do comedor, que co seu renqueante tic-tac alonga a duración de cada día.

Sentado na terraza contemplo, á dereita, as pendentes muras que me levan ata o mesmiño ceo. Enfronte teño o Miño, encorado, coa anguria de non poder saír do seu criminal encerro.

Cando me deito pecho as fiestras, despois de ollar se falta algunha estrela. Os roubadores de soños entran por elas se as ven abertas e fan que o teu durmir non teña alma.



   

domingo, 5 de marzo de 2017






ALADINO E A LÁMPADA ESTRAGADA



         Vivía nunha casa moi grande nos arredores de Grixalba, no concello de Sobrado dos Monxes. A súa fora unha familia moi adiñeirada, pero que se arruinara había xa tempo. Agora Aladino vivía na miseria.

         No pobo puxéranlle o nome de Aladino, porque dicían que vivía do conto.

         De certo, cando ía mercar algo de fiado, pois non tiña un patacón, contaba mil marabillas que tiñan feito os seus antepasados. Os comerciantes facían coma se cresen as súas historias e dábanlle de balde algo para que non morrese de fame.

         Un bo día o noso Aladino encontrou no seu vello pazo unha pequena porta agochada detrás dunha desconxuntada artesa abandonada nun curruncho do salón. Ao abrila os gonzos chiaron como se lles doese moito.

         Baixou con coidado por unha estreita escaleira de chanzos medio podres.

         Atopouse nunha diminuta peza ateigada dos máis diversos cachifallos cubertos por unha grosa capa de po que apenas deixaba distinguir un do outro. Colleu unha vasoira que atopou enriba dunha cadeira e foinos apartando.

         De súpeto unha vella lámpada colgada dunha non menos vella percha chamou a súa atención. Colleuna con coidado para non mancharse coa cotra que a cubría e levouna consigo.

         Ao chegar á cociña púxoa sobre a mesa e sentouse fronte a ela.

         Non levaba moito mirándoa, cando a lámpada -que levaba moito tempo sen ter con quen falar e tiña xa ganas de parola- díxolle:

- Ola, oh! Quen es?   

- Son Antón, pero no pobo chámanme Aladino. Vivo só nesta casa que herdei dos meus avós.

- E logo, non che gustaría que che concedese os tres desexos que sempre conceden as lámpadas da miña estirpe?

- Si, si, por fa!

- Pois xa sabes o que hai que facer. A fregar, macho!

         Aladino fregou e fregou a lámpada, pero o xenio que se supoñía que habitaba dentro non daba señais de vida.

         Canso e cabreado, colleu a lámpada pola biquela, abriu a portiña da peza na que a atopara e tirouna de mala maneira escaleiras abaixo.

         A pobre da lámpada, ao verse de novo soa e pechada naquel escuro cuarto, botouse a chorar. Chorou e chorou tanto a pobre, que as súas bágoas foron limpando a lorda que a cubría e recobrou a cor dourada propia de toda lámpada prodixiosa que se precie de tal.

         Pasaron uns días, e cando Aladino estaba comendo o pouco que lle deran na tenda, a cadeira na que estaba sentado rompeu e el foi dar co seu traseiro no chan. Recordou entón que no cuartiño no que atopara a lámpada tiña visto outra cadeira que lle podía valer. Levantouse e foi a por ela.

         Só abrir a pequena porta e poñer un pé na escaleira, deslumbrouno unha brillantísima luz. Baixou os chanzos case que a cegas e cando os seus ollos se afixeron a tanta claridade, veu diante del a lámpada máis marabillosa que nunca vira. Colleuna con todo coidado e levouna á cociña, como fixera a primeira vez.

         Tívose que sentar no chan e mirou a lámpada con certo temor. Lembrando o mal que se portara con ela, tiña medo de que esta xa non quixese falar con el. 

- Ola, lampadiña! Tes que perdoar o do outro día. Non sexas rancorosa, muller! É este xenio que me pode! Queres que che bote aceite extra virxe? Ti di o que desexas, e eu traereicho, aínda que o teña que roubar.

         A lámpada estaba moi cabreada con el, pero no fondo era unha bendita, e decidiu perdoalo.

- Non o mereces, pero vouche dar outra oportunidade. Frégame a modo ata que o xenio que levo dentro esperte e lle poidas pedir os teus desexos. Da outra vez non espertou, porque a cotra que me cubría tapáballe as orellas e non escoitou a túa chamada.

         A Aladino bastoulle fregar unha soa vez, e o xenio, que xa estaba canso de estar ocioso durante tanto tempo, foi saíndo pouco a pouco pola biquela da lámpada.

- Mande, meu señor! –dixo cunha potente voz.

         Aladino, ao oír o de señor, mirou cara atrás, por se había alguén máis na cociña, pero deuse conta de que ía por el, e sentiuse orgulloso.

- Pois mire, señor xenio, eu desexo tres cousas: unha casa nova, un coche guai e que no pobo me volvan a chamar Antón, e non Aladino.

- Mire, meu señor. Coas dúas primeiras peticións non habería problema, pois hoxe a vivenda está máis barata e hai coches de segunda man a moi bo prezo, pero ao concedérselle a terceira, que non depende da maxia, as outras dúas quedan anuladas, pois eu só teño permiso para cumprir os desexos dalguén que pertenza ao mundo dos contos, coma Aladino, e non as pretensións dun simple Antón, que podería dirixilas ao seu concello, aproveitando que hai eleccións.

         E ante o pasmo do xa simplemente Antón, foise encollendo, encollendo ata meterse de novo pola biquela da lámpada.

                  


        


viernes, 3 de marzo de 2017





RARA AVIS



         Cogito, ergo sum?

         Craso erro. Os escolásticos cogitamus, pero apenas sumus.

         E entre os moitos motivos que nos teñen levado á esta situación de especie en perigo de extinción está a nosa puñetera manía de querer razoar as cousas nun mundo no que iso de pensar  non está ben visto.

         As demais especies na mesma situación que a nosa protéxense mediante a camuflaxe. Pero os escolásticos non. Por máis que queiramos pasar inadvertidos, un porqué de máis déixanos sempre co cu ao aire.

         Hoxe mesmo un amigo invitoume a merendar. Recibiume o seu fillo e díxome que o seu pai estaba a troques de chegar. Moi amable púxome música. O último do Iglesias Jr.

-  “Bailaremos hasta las diez hasta que nos duelan los pies”.

- Totalmente lóxico -comentei. Sería absurdo seguir bailando cos pés doridos. Pero, por que hasta las diez  e non ata outra hora,  por exemplo hasta las ocho. Problemas de rima?

O rapaz miroume coma quen ve a un extraterrestre, pero non dixo nada.

- “Si te vas yo también me voy”.

- Home xa! Que vas facer só!

- A mí no me importa / que duermas con él / porque sé que sueñas / con poderme ver.

– Iso son uns cornos coma unha casa! Non che parece?

Volveu mirar para min e emitiu uns sons non reproducibles nun sistema de signos articulados.

- Con él te duele el corazón  y conmigo te duelen los pies. 

– Pois non sei que che diga!

- Con él lloras casi un río/ tal vez te da dinero y tiene poderío/ pero no te llena, tu corazón sigue vacío.

 – Haber hainas!

- Decídete pa ver si te quedas o te vas. / Si no,  no me busques más.

– Por aí debiches empezar!

         Nisto chegou o pai, e o rapaz saiu coma quen leva un foguete no cu  o que me fixo sospeitar que non lle gustaran os meus comentarios.

         Por fin o meu amigo deuse conta de que eu ía de invitado e ofreceume unha cervexa. Pero, imprudente del, sacou o tema da política.

- Eu creo que a xente está a ser inxusta cos políticos. Para min que todos traballan polo ben común.

- Pois mira, eu fágome a seguinte reflexión:

A xente tende a aproveitarse da situación para o seu propio ben.

         Os políticos son xente.

         Os políticos ... -aínda que sei que haberá quen poña reparos, sobre todo respecto da “minorem”, pero iso non desvirtuará a conclusión.

         Non era o meu día. O amigo mirou o reloxo e dixo que tiña que saír urxentemente. Adeus merenda!

         Volvía eu para a miña casa pensando no rara que é a xente, cando pisei algo brando, algo que dende logo non era alcatrán. Mirei o meu zapato e cheguei a unha irrebatíbel conclusión: neste pobo hai polo menos un can e máis un porco.

         Con tantas andrómenas cando cheguei eran xa as oito. Ás seis quedara en saír coa miña muller.

         Tentei argallar un siloxismo exculpatorio. De nada me valeu. A miña muller é máis dada á indución. Xa perdera a merenda, e a cea tamén perigaba.

Agora comprendo por que hai tanto filósofo fraco.






lunes, 27 de febrero de 2017





A “XUBILATIO”



         Ao cumprir os sesenta e nove anos din que está a chegar a miña hora de xubilarme. Confeso que esta “inesperada” nova causoume certo desacougo, e coma ser curioso que sempre fun, busquei agocho no meu dicionario –recuncho no que só teño atopado bos e leais amigos-  e comprobei que o termo xubilación non está nin moito menos ben reflectido. Trátao coma unha vulgar palabra polisémica, da que só recolle as acepcións máis intranscendentes:

  • Acción ou efecto de xubilarse: Gran descubremento!
  • Paso á situación de retiro: Retiro de que?, da circulación?
  • Subsidio ou pensión, salario que cobra a persoa xubilada: Non, que ademais iamos que ter que morrer de fame!
    Menos mal que tamén fai referencia á etimoloxía e dános certa satisfacción ao facer derivar o termo do latín  “iubilationem” = alegría.
    Pois digo eu: nin unha cousa nin a outra! Por si mesma, a xubilación non supón nin retiro nin xolda. Como cantaba o Iglesias: A vida segue igual!
    Se os sisudos académicos se tomasen a molestia de consultar ás persoas que pasan por este transo, saberían que estaban ante a palabra máis rica en matices de todo o dicionario. Unha palabra que ten tantas acepcións coma persoas das que se predica. E aínda dentro de cada persoa, tantas acepcións coma momentos hai nesta etapa da súa vida.
    En primeiro lugar, podemos distinguir groso modo tres grandes grupos dentro deste colectivo:
    Un primeiro estaría constituído por todos aqueles que naceron para xubilados e dende o primeiro día do seu primeiro traballo van riscando os días que xa non lles quedan para currar.
    O segundo grupo formaríano aqueles que despois dos anos regulamentarios de curre aceptan este momento con toda naturalidade e procuran disfrutar do tempo de lecer do que agora dispoñen. É dicir, o grupo das persoas normais.
    Pero hai un terceiro grupo que integrarían aqueles que pensan que o paso do tempo non vai con eles e consideran a xubilación coma cousa dos demais, pero que é algo que nunca lles vai afectar persoalmente. Non é que sexan máis traballadores ca os do segundo grupo, senón que cren ter un xen matusalénico que queren explotar –co conseguinte cabreo dos que están á espera de que deixen libre a praza dunha “piii” vez.
    Pero como dixen antes, tamén se deben ter en conta as diferentes etapas ao longo da vida dos xubilados do segundo e terceiro grupo. Pois os do primeiro teñen asegurada a felicidade ad aeternum só polo feito de non ter xa que traballar.
    Poderiamos denominar estas fases como acolloatio, delectatio e finiquitio.
    - A “acolloatio”:  Soe comezar meses antes da data do cese no traballo. Caracterízase por ser unha fase na que veñen á cabeza reflexións que antes nunca un se fixera, como: En que vou pasar o tempo?; deixarán as pensións a lo menos como están?, … (esta reflexión corresponde  a xubilados da última fornada).
    - A “delectatio”: Soe notarse xa dende os primeiro días de lecer e faise máis intensa en momentos como a hora en que tocaba o despertador para ir ao traballo ou ao ouvir as noticias sobre a situación laboral (… de boa me librei!).
    - A “finiquitio”: Esta fase depende de factores alleos á actividade que un tivera desenvolvido e aféctalles incluso aos xubilados do primeiro grupo. É precisamente entón cando cada quen poderá determinar a expresión que mellor recolla o seu periplo vital: O “bonum certamen certavi” paulino ou o “que sei eu e que queres que che diga?” da maioría da xente.

    Nota: Como podedes supoñer, estas reflexións foron feitas en plena “acolloatio” do autor (3º grupo).