Conversando con mi amigo Miguel a propósito de la
‘pitada’ de la final de la Copa del Rey en el Nou Camp, le digo que, aún siendo
una manifestación de la libertad de expresión de la gente, no me ha gustado que
Xavi Hernández fuese quién formulara públicamente ese innegable derecho. Mi
amigo me recuerda que también Pau Gasol ha redundado en declaraciones
parecidas.
Pero yo observo una gran diferencia entre uno y otro
caso. Gasol trabaja en un país donde la libertad de expresión y el resto de
garantías democráticas están rigurosamente establecidas y son universalmente
respetadas. Pero nuestro crack tarrasense, Xavi, va a ganarse la vida en Qatar.
No es lo mismo. Aunque le llenarán los bolsillos de petrodólares, a él y a toda
su familia, ¿qué clase de libertad de expresión va a tener en el país más rico
del planeta?
Qatar es un minúsculo territorio –poco más grande que el
principado de Asturias- con una población total de algo más de dos millones de
habitantes, un 90 % de los cuales son emigrantes.
Human Rights Wacht, secundada por Amnistía Internacional,
ha sentenciado que la clase obrera qatarí, extranjera por supuesto, realiza “trabajos
forzados”. No es que carezca de ‘libertad de expresión’, que también, sino que
no tienen derechos civiles de ningún tipo, especialmente laborales. El sistema
qatarí de contratación, kafala, es
una suerte de esponsorización del trabajador extranjero por parte de su
empleador quién, a la manera feudal, es dueño y señor de su vida y hacienda.
Cuando te importa la ‘libertad de expresión’ de los que
pitaron el himno español en Barcelona, se supone que te preocupará la tuya
propia y la de quiénes conviven contigo. ¿Expresará Xavi libremente sus
opiniones en su nueva dorada jaula qatarí? No lo creo. Y es una lástima porque
siendo importante el ‘ejercicio’ de las libertades, no lo es menos ser sujeto
‘de jure’ de tal derecho.
Pena por Xavi, por su pérdida de derechos, los ejerza o
no, como el de expresar libremente su opinión. Es lo que tiene la desmesurada
ambición. Descubrirá enseguida que ‘qui
paga, mana’.
Y, ¿quién es más pecador, el que peca por la paga o el
que paga por pecar?
Vicente Carballido